Como decía Gustavo Adolfo Bécquer:
Al brillar un relámpago nacemos,
y aún dura su fulgor cuando morimos:
¡Tan corto es el vivir!
La gloria y el amor tras que corremos,
Sombras de un sueño son que perseguimos:
Despertar es morir!
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La brevedad es un arte.
Pensarlo todo,
decirlo todo,
hacer todo lo que sentimos
al brillar de un relámpago.
Un nuevo brillar y renacemos,
¿donde estamos?
¿con quienes estamos?
¿a donde vamos?
¿qué es esto?
y sin darnos cuenta cruzamos su fulgor
y un nuevo brillo y así uno tras otro.
Los de acá decimos ¿a donde vas?
Los de allá dicen, estoy aquí.
en definitiva, el estruendo del relámpago
no nos deja oír
y su brillo intenso no nos deja ver.
Solo nos queda la experiencia.
La experiencia es la línea intermedia
entre el estruendo y su brillo,
es como el ojo del huracán,
el silencio absoluto,
la calma absoluta,
la luz perfecta que refleja el verdadero ser
un instante de consciencia,
reencuentro contigo mismo,
frente a frente,
el Amor y el Ser.
Eso es MEDITAR.
maa