miércoles, 9 de marzo de 2011

HIJOS MIOS, ¡LIBERTAD!

Durante muchos años no hemos valorado el cuerpo, hemos vivido en los deseos del cuerpo, las apetencias del cuerpo.
Hemos tenido una educación, tanto familiar, social, como religiosa que nos decía que el cuerpo era lo menos importante.
Nos han llegado otras culturas en las que nos dicen, ¡eh! que el cuerpo es el templo de Dios.
Nos hablan de cuidar el cuerpo, de la importancia de la unidad en nosotros, cuerpo, mente y espíritu.
Sea como sea, a medida que pasa el tiempo, se empieza a conectar con el cuerpo de otra manera, empezamos a conocer nuestro cuerpo como un conjunto de células vivas, inteligentes, miramos el hígado y estamos experimentando su perfecta labor, no solo como un órgano individual, sino como unidad de todo el cuerpo, y así todos los órganos, glándulas, huesos, músculos, todas esas corrientes, como ríos sanguíneos, cascadas de energías que fluyen por todo el sistema nervioso, 72.000 nadis.
Nos ha llegado una información totalmente diferente de nuestra cultura y nos hablan del cuidado del cuerpo, del amor hacia el cuerpo, de lo que significa llevar una práctica que aquiete nuestra mente del bullicio y experimentemos esa integración de nosotros mismos: cuerpo, mente y espíritu.
Nos ha llegado una cultura que no separa el cuerpo de la mente ni del espíritu y todavía más, no separa de Dios, nos dice: Dios y tu sois uno y esto nos suena, (de qué? del Cristo, él también lo decía: "el Padre y Yo somos Uno".
Seguramente, cuando el Cristo expresaba esta hermosa frase, no estaba haciendo diferencias entre lo que estaba y no estaba unido a Dios, Él fue radical: el Padre y Yo somos Uno, y tampoco estaba personalizando, nos lo estaba diciendo a cada uno, sin diferencias de razas, religiones, comportamientos y actitudes, las diferencias solo son fruto de la ignorancia.
A medida que practicamos yoga, vamos reconociendo el cuerpo como parte de nosotros mismos, somos capaces de pensar, de sentir por nosotros mismos, todas las células de nuestro cuerpo son pensantes e inteligentes, somos una unidad con nosotros mismos y con el Universo.
Conocer nuestro cuerpo nos ayuda a determinar y reconocer que la falta de voluntad, constancia y esfuerzo es un obstáculo para el desarrollo en la unidad en nosotros mismos.
La práctica del yoga se inicia como una disciplina amorosa que nos lleva al bienestar general del cuerpo, de la mente y del espíritu, hasta que se convierte en una forma de vida que nos hace ser felices y no de una manera imaginaria sino, integramente felices.
Empezamos a ser coherentes con nosotros mismos, dejamos de vivir a medias, de mentirnos a nosotros mismos, la práctica del yoga nos lleva hacia la raíz de la vida, hace que aflore en nuestra mente el resplandor de la verdadera libertad.
Una de las cosas básicas del cuidado del cuerpo, de la mente y del espíritu, es saber que estamos preparados para entender y abrirnos a muchas cosas más, es encontrar en nosotros la forma de empezar y como empezar en cada momento de nuestra vida.
Dejamos la sonrisa que esconde las insatisfacciones y empezamos, también, a compartir la lágrima, las mareas y las calmas y sobretodo, la Verdad.
Todo lo que no sea expansión, son capas densas que cubren la nitidez de la visión y de la comprensión.
La sinceridad de nuestros estados nos relaja y esta relajación, nos permite ver claramente algo muy sencillo: que la Vida es un paseo de domingo por la tarde, pues, hagámoslo, paseemos, escuchando y contemplando, sin miedos que nos contracturen y observando como el tiempo, coloca todas las cosas en su lugar.
maa