Todo responde a todo.
Cuando la práctica es amarme, todas las células experimentan ese amor y responden.
Aprendo a comprometerme con el sentimiento.
La vida sigue a mi alrededor con sus problemas, complejidades y luchas.
Un sobrevivir con dignidad, poder y mandato.
Y Tú...Divina Madre, te dedicas a amarte, sencilla y humilde como la amapola,
entrando por la brecha más fina, ya que es momento de soltar cargas pasadas
que abultan demasiado para tan delicada acción.
Todo se hace sutil, natural, late dentro de mi, sonido y movimiento real,
consciencia de pensamientos que van diluyéndose como la nieve en la cima
acariciando la hierba,
creando ríos majestuosos,
rugiendo al paso de un paisaje sorprendido,
y Tú... Divina Madre, desgranando amor,
diferente y perfecta es cualquier situación,
cualquier experiencia.
Lluvia de estrellas,
sentir de emociones,
lágrimas cristalinas que reflejan la luz,
movimiento matemático es el día y la noche,
y Tú... aquí, Divina Madre, danzando entre las células
pudiendo estar entre los Dioses.
Comprendo el reto de tu voluntad y me dejo ir en tu
potente y silenciosa palabra.