domingo, 16 de enero de 2011

VICTORIOSA

24 DE ABRIL DEL 2009

Querida Madre, tu eres la rastreadora en esta caravana familiar
y nos vas dejando el listón tan alto que, por una parte,
sentimos el privilegio de compartir la vida,
de tenerte como madre y maestra,
por otra parte, te nos has convertido en un objetivo,
en una diana y ahora somos flechas que vuelan a través del espacio y del tiempo hacia su núcleo.
Si el Universo es cíclico, entonces, nos encontraremos en la línea donde todo termina y vuelve a empezar,
y en ese renacer del alma, al igual que las gotas de agua se convierten en un solo océano, nuestras almas se unirán,
no puede ni quiero que sea de otra manera.
Eres el trazo en el lienzo en blanco,
el gesto en el rostro impasible,
los brillos en la penumbra,
la serenidad en el bullicio y
en nuestras incertidumbre, eres la respuesta.
Decir que eres amor, se nos hace pequeño,
tu magisterio nos arranca de las rutinas, costumbres, manías
y nos lanza al espacio de la verdad,
a la acción sin limites,
a ponernos por delante de la vida,
porque sino, solo somos tiempo en las manecillas de un reloj.
El Amor que nos enseñas, es un Amor de experiencia de vida,
no de conocimientos educacionales.
Amor sin límites,
Amor que da la vida,
Amor que libera de los grilletes de las fantasías,
Amor de detalles,
silencio que ama.
Darte las gracias se nos hace también pequeño,
así que hemos pensado que la mejor manera de agradecerte lo más preciado que nos has dado, que es la vida, y tu vida,
es viviéndo, lo que resta de la nuestra, con consciencia,
recordar y no olvidar en ningún momento lo esencial.
Todo esto que expresamos tus hijos hacia ti, es el gozo de haberte conocido,
de tenerte... siempre,
el gozo de compartir tu vida... siempre,
ahora también, aun diferente.
Nos dices que has llegado VICTORIOSA,
mamá... tu Victoria, también, es nuestra Victoria.
Tus hijos.