¡Cuánto amor silenciado!
¡Cuánto amor en trajes de fortaleza!
Cuánto amor en carácter delegado!
¡Cuánto amor en el bullicio de tu mente
que velaba la ternura!
Una vida en la que,
casi, sin darte cuenta, ya te meces
en los brazos de tu propia creación.
Nadie nos dábamos cuenta que eras
como un niño,
igual que nosotros,
temeroso del caos de la vida.
Y ahora nos muestras tu culminación
como un relámpago repentino,
iluminando nuestros corazones,
retando a la vida,
burlando a las manecillas del reloj
para dar tiempo a que ese silencioso amor,
sea Victorioso.
Gracias, Padre del cielo
por manifestarte en mi padre de la tierra.
maa